Si tienes un smartwatch y últimamente notas que la batería se agota demasiado rápido, puede que el problema no sea directamente el reloj.
Hay funciones que utilizamos todos los días y que, sin darnos cuenta, pueden aumentar bastante el consumo: la pantalla siempre encendida, el GPS, las llamadas, los sensores funcionando continuamente o incluso la esfera que utilizamos.
Yo mismo hay algunas funciones que no desactivaría porque me parecen demasiado útiles. Pero si tu prioridad es conseguir que el reloj dure más, estos son los ajustes que revisaría primero.
Antes de tocar nada: la batería también envejece
Hay algo importante que debemos diferenciar.
Una cosa es que el reloj esté consumiendo demasiada batería por culpa de una configuración y otra que la propia batería haya perdido capacidad con los años.
Las baterías se degradan progresivamente con el uso y los ciclos de carga. Si tu smartwatch tiene varios años, es completamente normal que ya no dure lo mismo que cuando era nuevo.
Y aquí ningún truco hace milagros.
Si la batería está degradada físicamente, cambiar ajustes puede reducir el consumo, pero no va a recuperar la capacidad que ya ha perdido.
Dicho esto, antes de darla por perdida, hay bastantes cosas que merece la pena revisar.
1. Una esfera animada puede consumir más de lo que parece
Yo empezaría por algo que muchas veces pasamos completamente por alto: la esfera del reloj o watchface.
Las esferas animadas, las que cambian constantemente o las que muestran muchos datos actualizándose pueden consumir más batería que una esfera sencilla.
No significa que tengas que utilizar una esfera negra aburridísima para ahorrar batería.
Pero si actualmente tienes una llena de animaciones, información en tiempo real y elementos moviéndose constantemente, probaría durante unos días con otra más sencilla.
De hecho, algunos relojes incluso indican qué esferas están optimizadas para consumir menos energía.
Yo sí he notado diferencias de autonomía dependiendo de la esfera utilizada.
2. El Always On Display es uno de los grandes culpables
Aquí probablemente no descubra nada nuevo.
El Always On Display o pantalla siempre encendida mantiene visible la hora y otra información incluso cuando no estás utilizando el reloj.
Es comodísimo.
Pero también significa que la pantalla nunca llega a apagarse completamente.
Y eso se nota muchísimo en la batería.
Si quieres conseguir la máxima autonomía posible, este sería uno de los primeros ajustes que desactivaría.
Otra alternativa es programarlo para que funcione solamente durante determinadas horas del día.
Por ejemplo, puedes mantenerlo activo mientras trabajas y hacer que se desactive automáticamente durante la noche.
3. El gesto de levantar la muñeca también enciende la pantalla constantemente
Otro ajuste aparentemente inofensivo es el gesto de levantar la muñeca.
Cada vez que haces el movimiento, el reloj interpreta que quieres mirar la pantalla y la enciende automáticamente.
El problema aparece cuando estamos moviendo los brazos constantemente.
La pantalla puede terminar encendiéndose decenas o incluso cientos de veces durante el día sin que realmente queramos consultarla.
Personalmente, yo siempre llevo esta función activada.
Me resulta demasiado cómoda y no pienso desactivarla únicamente para ganar batería.
Pero si tu smartwatch dura muy poco, debes saber que este gesto también puede contribuir al consumo.
4. Cuidado con llevar siempre el brillo al máximo
Con el brillo me ocurre algo parecido.
Siempre que el reloj tenga brillo automático, yo prefiero dejarlo activado.
Quiero poder ver perfectamente la pantalla cuando salgo a la calle, estoy entrenando o me da directamente el sol.
Sí, puede consumir algo más, pero para mí compensa.
El problema aparece en relojes que no tienen brillo automático.
En esos casos intento dejarlo aproximadamente en un nivel medio.
Llevar constantemente la pantalla al máximo de brillo puede reducir bastante la autonomía.
Y normalmente tampoco necesitas tanta intensidad cuando estás en interiores.
5. Las vibraciones y sonidos también gastan batería
Cada mensaje, llamada o aviso puede provocar que el reloj:
- Vibre.
- Emita un sonido.
- Encienda la pantalla.
Una notificación aislada prácticamente no importa.
Pero si recibes WhatsApp, correos, Telegram, redes sociales y otras aplicaciones constantemente, el reloj puede pasar buena parte del día vibrando y encendiendo la pantalla.
También influye la intensidad de la vibración.
Cuanto más potente sea, mayor será el consumo.
Yo revisaría especialmente qué aplicaciones tienen permiso para enviarme notificaciones al reloj.
Probablemente no necesites recibir absolutamente todo lo que llega al teléfono.
6. Hablar por teléfono desde el smartwatch consume muchísimo
Esta es una de las funciones donde más consumo he notado personalmente.
Utilizar el altavoz y el micrófono del smartwatch durante una llamada puede reducir la batería bastante rápido.
En conversaciones de aproximadamente 30 o 40 minutos he llegado a ver bajadas cercanas al 10 o 15 % en algunos relojes.
Evidentemente, dependerá muchísimo del modelo, del volumen y de la capacidad de su batería.
Pero la idea es sencilla: una llamada larga desde la muñeca consume bastante más que simplemente recibir una notificación.
Si haces muchas llamadas desde el reloj y notas que la batería dura poco, aquí puedes tener uno de los culpables.
7. El GPS puede acabar rápidamente con la batería
Junto con las llamadas, el GPS es una de las funciones que más energía puede consumir en un smartwatch.
Especialmente si realizas entrenamientos largos.
Una carrera de 30 minutos no debería suponer un problema importante, pero la historia cambia si haces rutas de varias horas, ciclismo, senderismo o actividades largas utilizando constantemente el posicionamiento.
Además, algunos relojes deportivos permiten elegir diferentes niveles de precisión.
Por ejemplo, determinados modelos de Amazfit o relojes con sistemas GPS más avanzados permiten utilizar modos que priorizan la autonomía.
El recorrido puede ser algo menos preciso, pero en una ruta larga puedes ganar bastantes horas de batería.
Si sabes que vas a estar muchas horas fuera, merece la pena revisar estas opciones antes de empezar.
8. Durante el entrenamiento también hay otros consumos
El GPS no es lo único que gasta batería mientras entrenamos.
También influye:
- Cuántas veces encendemos la pantalla.
- Los avisos por vibración.
- Las indicaciones durante el entrenamiento.
- Los sensores funcionando continuamente.
- Escuchar música desde el propio reloj.
- Tener auriculares Bluetooth conectados.
Individualmente pueden parecer consumos pequeños, pero durante varias horas se van acumulando.
9. Revisa la detección automática de entrenamientos
Esta es una función que he notado especialmente en relojes de Amazfit, aunque está disponible en muchas otras marcas.
Después de caminar durante varios minutos, el smartwatch puede interpretar que estás haciendo ejercicio y preguntarte si quieres registrar la actividad.
En algunos casos puede incluso comenzar a utilizar más sensores o el posicionamiento.
Es una función muy cómoda si eres de los que se olvida de iniciar manualmente los entrenamientos.
Pero también puede provocar que el reloj detecte actividades que realmente no querías registrar.
Si nunca utilizas esta función, yo la desactivaría.
10. Tener los sensores funcionando constantemente también se nota
Este es otro de los ajustes que revisaría sí o sí.
Muchos smartwatches permiten medir durante todo el día:
- Frecuencia cardíaca.
- Oxígeno en sangre.
- Estrés.
- Otras métricas de salud.
Cuantas más mediciones automáticas tengamos funcionando, más tendrán que trabajar los sensores.
Y eso consume batería.
Si no necesitas información constantemente, puedes aumentar el intervalo entre mediciones.
Por ejemplo, dependiendo del smartwatch, puedes configurar el pulso para que se mida cada pocos minutos en lugar de hacerlo de manera prácticamente continua.
Aquí hay que decidir qué prefieres: más datos o más batería.
Yo personalmente mantengo bastantes mediciones activas porque pruebo relojes y me interesa tener información.
Pero para alguien que simplemente quiere conocer su pulso de forma aproximada durante el día, quizá no sea necesario medir absolutamente todo en tiempo real.
11. El seguimiento avanzado del sueño también puede aumentar el consumo
Algo parecido ocurre durante la noche.
Algunos smartwatches permiten activar mediciones adicionales mientras dormimos.
Esto puede proporcionar información más completa sobre el sueño, la respiración u otras métricas.
Está muy bien si realmente utilizas esos datos.
Pero recuerda que tener más sensores funcionando durante seis, siete u ocho horas todas las noches también consume batería.
Si duermes siempre con el reloj y la autonomía ha empeorado después de activar alguna medición avanzada del sueño, revisaría esa configuración.
12. LTE y eSIM reducen bastante la autonomía
En relojes más avanzados encontramos otro gran consumidor: la conexión móvil.
Modelos compatibles con LTE o eSIM pueden conectarse a Internet y realizar llamadas aunque no tengas el teléfono cerca.
Es una función espectacular si sales sin el móvil.
Pero tiene un precio en autonomía.
Personalmente, casi siempre llevo el teléfono conmigo, así que normalmente mantengo el smartwatch conectado al smartphone.
Si utilizas mucho la conexión LTE para independizarte del móvil, debes asumir que la batería va a durar menos.
Esto es especialmente importante en relojes avanzados donde la autonomía ya suele ser más limitada.
13. Revisa las aplicaciones que trabajan en segundo plano
En relojes con sistemas más avanzados, como Wear OS, también conviene revisar qué aplicaciones tienen actividad en segundo plano.
Algunas pueden estar sincronizando información, utilizando conexiones o realizando tareas aunque no las tengas abiertas en pantalla.
No hace falta obsesionarse cerrando absolutamente todo constantemente.
Pero si has instalado muchas aplicaciones y la batería ha empezado a durar mucho menos, revisaría cuáles tienen permiso para funcionar o actualizarse en segundo plano.
Especialmente aquellas que realmente no utilizas.
¿Y si después de todo esto sigue durando poco?
Siempre queda el modo de ahorro de batería.
Personalmente intento evitarlo porque normalmente limita bastantes funciones.
Puede desactivar mediciones, reducir conexiones, limitar notificaciones o cambiar el funcionamiento de la pantalla.
Pero precisamente por eso funciona.
Si necesitas que el smartwatch aguante unas horas o días adicionales, el modo ahorro puede sacarte de un apuro.
También puede resultar útil durante un viaje o cuando sabes que vas a pasar bastante tiempo sin poder cargarlo.
Los tres ajustes que yo revisaría primero
Después de probar muchos smartwatches, si tuviera que empezar solamente por tres cosas, miraría:
1. Las notificaciones
Recibir un mensaje parece insignificante.
Pero si llegan decenas durante el día, el reloj está constantemente vibrando, encendiendo la pantalla y mostrando avisos.
Yo desactivaría las notificaciones de todas las aplicaciones que realmente no necesito ver en la muñeca.
2. La esfera del reloj
Es probablemente una de las cosas que menos tenemos en cuenta.
La vemos todos los días y pensamos que simplemente está ahí.
Pero una esfera animada, llena de información y actualizándose constantemente puede gastar bastante más que una sencilla.
3. Los sensores
Si tienes absolutamente todas las mediciones funcionando continuamente durante las 24 horas, el reloj prácticamente nunca deja de trabajar.
No significa que tengas que desactivar todo.
Simplemente revisaría qué información utilizas realmente y cuál tienes activa porque venía así configurada.
¿Cuánto puede mejorar la batería cambiando estos ajustes?
Aquí no existe una cifra universal.
Cada smartwatch tiene una pantalla diferente, una batería distinta, otros sensores y un sistema operativo propio.
Además, no consume lo mismo una persona que recibe cinco notificaciones al día que alguien que recibe cien, entrena dos horas con GPS y realiza llamadas desde la muñeca.
Por eso yo no esperaría duplicar mágicamente la autonomía simplemente cambiando un ajuste.
Pero sumar varios pequeños cambios sí puede marcar una diferencia importante al final del día.
Desactivar el Always On Display, reducir notificaciones innecesarias, utilizar una esfera más sencilla y ajustar la frecuencia de los sensores puede conseguir que el reloj dure bastante más.
¿Por qué mi smartwatch dura menos que cuando era nuevo?
Si has revisado todos estos ajustes y sigue existiendo una diferencia enorme respecto al primer día, probablemente entra en juego la degradación.
Una batería con varios años y muchos ciclos de carga ya no puede almacenar la misma cantidad de energía que cuando era nueva.
También influye el propio reloj.
Un modelo con una pantalla enorme, LTE, GPS, muchas aplicaciones y funciones avanzadas probablemente nunca tendrá la misma autonomía que un smartwatch sencillo.
Por eso hay problemas que podemos solucionar desde los ajustes y otros que dependen directamente del hardware.
Mi recomendación final
Si la batería de tu smartwatch ha empezado a durar poco, yo no desactivaría absolutamente todo de golpe.
Un reloj con todas sus funciones apagadas puede durar muchísimo, pero deja de tener sentido llevar un smartwatch.
Empezaría por lo que menos vaya a echar de menos.
Una esfera más sencilla.
Menos notificaciones innecesarias.
Mediciones de salud menos frecuentes.
La detección automática de entrenamientos si nunca la utilizas.
Y, sobre todo, revisaría el Always On Display si realmente necesito tener la pantalla encendida constantemente.
Después iría comprobando durante unos días cuánto mejora la autonomía.
Porque el objetivo no debería ser conseguir la mayor duración posible a cualquier precio.
El objetivo es encontrar el equilibrio entre utilizar las funciones que realmente necesitas y evitar que el reloj esté gastando batería en cosas que ni siquiera aprovechas.